Cuando el espacio se convierte en el tercer maestro

Dos profesoras valencianas convierten sus clases de infantil de un colegio público en contextos de aprendizaje cooperativo

Ni mesas ni sillas ni materiales al uso que puedan hallarse en las clases de infantil de un colegio público valenciano. Hay minimundos, zonas de luz, espacios de construcción, zonas de naturaleza y un sinfín de propuestas provocadoras para despertar el interés por aprender. Así son las aulas de Raquel Mora y Mª Ángeles Bertolín, dos profesoras de infantil del CEIP Alejandra Soler de Valencia que desde hace un año están desarrollando un proyecto de innovación pedagógica avalado por la Conselleria en torno a los contextos de aprendizaje.

Buscan devolver al niño al centro del proceso enseñanza-aprendizaje y convertir el espacio en un aliado que provoque sus ganas de experimentar, que estimule su proceso cognitivo. Raquel y Mª Ángeles beben de las experiencias innovadoras que también han ido surgiendo en otros centros públicos de la Comunidad Valenciana -el Princesa de Asturias de Elche de los más laureados-, pero parten de su propia reflexión pedagógica. «Hubo tres preguntas clave que nos hicimos: cuál era nuestra idea de infancia, la función que debe cumplir la escuela y la idea de aprendizaje. A partir empezamos a investigar y decidimos dejar de hacer aquellas cosas que no nos gustaban», explica Mª Ángeles.

«La primera conclusión a la que llegamos es que no queríamos un aula convencional, con mesas y sillas para todos. Teníamos claro que queríamos acortar la distancia entre las necesidades de un niño y la realidad. Si un niño tiene necesidad de movimiento no lo vamos a tener sentado toda la jornada escolar», apunta Raquel Mora. «También buscábamos huir de la idea de que el profesor todo lo sabe, potenciamos la cooperación, escuchamos a los niños y convertimos el nuevo espacio que hemos creado en el tercer maestro que ofrece oportunidades de aprendizaje», añade.

Sus dos aulas se han convertido en una sola circular, donde aparecen 19 propuestas de trabajo en espacios intencionalmente adaptados para que sus alumnos trabajen los objetivos que marca el currículum de la etapa de infantil. Barro en lugar de plastilina, letras magnéticas, dinosaurios, harina, arena… favorecen los aprendizajes funcionales de una manera diferente. «Llegamos al mismo punto final, pero por otro camino y dándole más peso al proceso», cuentan (seguir leyendo)

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