Coaching para el fortalecimiento de la dirección escolar

Desde la mirada del coaching, el director escolar orienta su liderazgo hacia las personas y los equipos, para que maximicen su potencial, logren un desarrollo integral de su vida y contribuyan significativamente al fortalecimiento del proyecto educativo de la institución.
Para lograrlo, necesita transitar hacia un estilo de liderazgo basado en la conversación, con el fin de construir relaciones más armoniosas y de confianza, que lleven a las personas a moverse hacia la creación de nuevas realidades en su entorno personal, institucional y social.
Este modo de conversar, se basa en los principios, las metodologías y las competencias que a continuación se abordan, teniendo en cuenta el Código de Ética y las Competencias de Coaching de la Federación Internacional de Coaching (2011).

Principios del coaching
Desde la perspectiva del coaching, Kimsey-House, Kimsey-House, Sandahl y Whitworth (2009), mencionan como primer principio, que las personas son por naturaleza creativas, recursivas y completas. Significa que, cuentan con las capacidades para encontrar en su interior las respuestas sobre cómo asumir los retos que les demanda las circunstancias de su vida y del entorno. Ello implica en el ámbito educativo, que el director escolar lidere desde la creencia de que las personas no necesitan su ayuda, sino su acompañamiento. Esta manera de liderar se despliega a través de conversaciones poderosas que llevan a las personas a transformarse continuamente en lo que quieren ser, a través de un proceso de constante acción y aprendizaje. Una manera de desplegar este principio, es crear espacios en los cuales el líder, con el apoyo de las personas que hacen parte de los diferentes procesos, germinen ideas y estrategias innovadoras que aporten a mejorar la gestión. Para ello, cada uno de los participantes, asume voluntariamente un rol que conlleve a concretar las ideas, teniendo en cuenta las habilidades, la experiencia y el conocimiento que cada uno posee.

El segundo principio, consiste en ver a las personas como seres integrales, es decir, reconocer que, además de su rol dentro de la institución, necesitan potencializar otras dimensiones de su vida para encontrar balance, trascendencia y felicidad. Para ello, las conversaciones entre el líder y las personas, se enfocan además del seguimiento de su desempeño, en acompañarlos a descubrir y poner en acción su propósito de vida, teniendo en cuenta sus valores, talentos, vocación y misión. Entonces, el líder puede promover encuentros de socialización, en los cuales las personas se reúnan y compartan con sus equipos de trabajo, aspectos trascendentales de su existir, por ejemplo: cuáles son sus sueños y retos a nivel personal y profesional, cuáles son sus mayores talentos y cómo los potencializan, quiénes son las personas que hacen parte de su vida y cuál es el legado que quiere dejar desde su vocación.

El tercer principio, se relaciona con empoderar a las personas, no desde la perspectiva de “darles poder”, sino de acuerdo con la concepción de Senge (2002): “no quitarles el poder que ya tienen”. (Seguir leyendo…)

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