Beneficios de la disciplina positiva en la educación de los niños

Por Ana Canfrán

Para saber aplicar la disciplina positiva con nuestros hijos, primero hemos de entender en qué consiste. Tal y como explica la Asociación Disciplina Positiva España (ADPE) en su web, la disciplina positiva es un modelo educativo basado en el respeto mutuo y en la colaboración en la que es clave entender el comportamiento de los niños y educarles en positivo, con amor y afecto, mediante el diálogo, el entendimiento y la empatía. Se trata de un modelo en el que los castigos no tienen cabida, sino que los malos comportamientos se intentan reconducir con respeto, sin luchas de poder y de forma positiva.

A través de este modelo educativo nos alejamos de los gritos, de los castigos y, por supuesto, de los azotes para dejar lugar a otro tipo de recursos, sin embargo, no todos los padres saben aplicarlos con sus hijos. Por suerte, a Asociación Americana de Pediatría ha publicado un artículo en la revista Pediatrics donde ofrece consejos sobre cómo llevar a cabo la disciplina positiva en casa según la edad de los niños.

Aplicar la disciplina positiva con bebés
Algunos aspectos de la disciplina positiva pueden comenzar a practicarse desde que el niño es muy pequeño, por ejemplo:
Dar ejemplo: más que lo que digamos, los niños aprenden lo que ven que nosotros hacemos. Hay un aforismo latino que dice así: “las palabras enseñan, los ejemplos arrastran”.

Trata de no levantarle la voz, de autocontrolarte y de ser un modelo positivo para el pequeño, eso será lo que él aprenda de ti.

La distracción, nuestra aliada: si tu bebé está realizando alguna conducta peligrosa o ves que está a punto de enrabietarse, proporciónale un nuevo estímulo con el que distraerse. ¡Funciona!

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Una flecha en la diana. La evaluación como aprendizaje.

Miguel Ángel Santos Guerra Catedrático de Didáctica y Organización Escolar Universidad de Málaga

 

Se habrá preguntado el lector por el título del artículo que tiene en sus manos, aunque el subtítulo le ha puesto en la pista de la contestación. La evaluación puede concebirse y utilizarse como un fenómeno destinado al aprendizaje y no sólo a la comprobación de la adquisición del mismo. Como un instrumento de mejora y no sólo como un ejercicio de medición del logro. Como un camino que conduce a la transformación de la práctica y no sólo como un movimiento que se cierra sobre sí mismo. La evaluación no es el momento final de un proceso y, aún cuando así fuera, debería convertirse en el comienzo de un nuevo proceso más rico y fundamentado.

La pregunta “para qué” es fundamental a la hora de enjuiciar y de realizar evaluaciones. ¿Cuál es su finalidad?, ¿Qué pretende?, ¿Qué consigue? Responder a estas cuestiones resulta más importante que poner en marcha evaluaciones que pueden resultar no sólo estériles sino contraproducentes.

Las preguntas esenciales de la evaluación son éstas: ¿Qué beneficios persigue?, a qué personas ayuda?, ¿a qué valores sirve? (Santos Guerra, 1998a). No tiene mucho sentido evaluar por evaluar. Tiene menos lógica y ninguna ética evaluar para jerarquizar, atemorizar, perseguir y castigar.

Las evaluaciones que se cierran sobre sí mismas, que no tienen más finalidad que decir que se han hecho no tienen razón de ser. Aquellas que tienen fines pedagógicamente pobres tienen poco significado para aprender y mejorar.Y son reprobables aquellas evaluaciones de las que se derivan comparaciones injustas, clasificaciones insensatas, descalificaciones agraviantes o exclusiones perversas. Son admirables los usos didácticos, éticos y políticos de la evaluación. Son inadmisibles los abusos (Santos Guerra, 1995).

“Las actitudes que hacen posible el aprendizaje tienen que ver con la apertura, con la humildad y con la responsabilidad”

Una de las finalidades que ha de perseguir la evaluación es el aprendizaje. El aprendizaje de los patrocinadores, de los evaluadores, de los evaluados y de los testigos de la evaluación.. Aprendizajes que se pueden derivar del proceso y también del contenido o resultado de la evaluación.

Para que el aprendizaje se produzca hacen falta unas condiciones en la dinámica de la evaluación y unas actitudes en los protagonistas. Las condiciones se refieren a la transparencia, al rigor, a la difusión. Las actitudes que hacen posible el aprendizaje tienen que ver con la apertura, con la humildad y con la responsabilidad. Quien no quiere aprender no aprenderá. (seguir leyendo)

EXÁMENES… ¿NECESARIOS? ¿SON LA NOTA DE LA EVALUACIÓN? ¿SE PUEDE EVALUAR SIN EXÁMENES?

Por David Montejano

Cuando en la actualidad se habla de exámenes, encontramos opiniones enfrentadas de toda índole. Hay quien opina que no sirven, algunos hablan de quitarlos, otras personas los ven necesarios, otros hablan de cambiar los modelos, y así, un gran prisma de opciones.

Desde mi punto de vista y bajo mi experiencia, creo que debemos pararnos a pensar todas las vertientes existentes en relación a este tema, pues incluso se ha llegado a hablar de la “ansiedad de los estudiantes ante un examen”.
Debemos definir diferentes términos pero principalmente dos, que son evaluación y examen. En este caso, mi visión ante estos términos es la siguiente:
Evaluación: debemos entenderla como la constatación de los aprendizajes adquiridos en un proceso de enseñanza aprendizaje. Dicho esto, debemos entender que se debe evaluar por igual al alumno como al docente (¡ojo!, no se mide si el docente es bueno o malo) en definitiva, evaluar el proceso en sí, de enseñanza-aprendizaje.
Examen: es una prueba en la que analizamos el proceso de enseñanza-aprendizaje. Recogemos información de los alumnos y de la práctica docente.

Si acudimos a la definición de la RAE:
Evaluación: acción y efecto de evaluar. Estimar los conocimientos, aptitudes y rendimiento de los alumnos.
Examen: prueba que se hace de la idoneidad de una persona para el ejercicio y profesión de una facultad, oficio o ministerio, o para comprobar o demostrar el aprovechamiento en los estudios.

Vistas las definiciones, podríamos hablar de examen como parte de la evaluación, y ver por qué es necesario hacer un examen, o directamente, por qué es necesario tener que evaluar.

Hoy en día, vivimos la vorágine de diferentes opiniones y metodologías en las que se plantean no hacer exámenes y en las que se habla de no hacer deberes. Estamos ante un momento de cambio, pero entonces, debemos ser conscientes de la educación que queremos.

No puedo dejar de incluir en este tema la inclusión, en la que destacar que cada uno de los alumnos es diferente y tenemos que atender a sus ritmos, a cada uno de ellos.

Si vemos el nuevo paradigma que se plantea, quitamos los exámenes porque generan ansiedad, porque son memorísticos, dependen del estado de ánimo del alumno en ese día, no son necesarios para evaluar… Debemos por lo tanto evaluar de otras formas (existen y ya se usan) aunque realmente, si no tiene sentido medir con un examen, ¿para qué queremos medir de cualquier otra forma?… Debemos analizar lo que planteamos y lo que tenemos.

Mi punto de vista y opinión personal ante este tema, que conlleva tanta controversia en la actualidad es el siguiente:
1.- Debemos cumplir el currículo, nos guste más o menos, y en el se plasma lo que el alumno debe saber. Esto también plantea constantes dudas en el mundo educativo y en la propia sociedad.

2.- El día a día en el aula es ya una evaluación en sí misma dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, o al menos, lo debería ser. Cada docente es diferente al otro y sus alumnos también son diferentes entre sí y aprenden con cada uno de esos docentes. Los profesores van a enseñar desde su propio aprendizaje y experiencia y por lo tanto, con diferentes formas de transmitir. Otra cosa es que luego se acuerde utilizar diferentes herramientas de evaluación en el aula, pero será igual de válido enseñar ortografía basándose en la programación neurolingüistica, que bajo el enfoque tradicional (Gómez, 2007; Bustos, 1995; Palacios, 2010 y Martínez, 2004). Aquí también se puede plantear equipos docentes que apuesten por una o por otra corriente.

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En España, la formación de los directores de escuela es casi nula”

BEATRIZ PONT | EXPERTA EN EDUCACIÓN DE LA OCDE

La investigadora alerta de que en España el uso político de la educación es “muy pronunciado” y urge a invertir en liderazgo en los colegios

Beatriz Pont (Madrid, 1966), analista de políticas educativas de la OCDE, dedica su tiempo a tratar de resolver dos cuestiones: la desigualdad en los colegios y la modernización de las aulas. Tras 20 años trabajando con responsables de ministerios de educación de diferentes países, cree que las grandes reformas educativas suelen quedar en “papel mojado” y que deben ser los directores de escuela los que revolucionen el sistema.

Pont, que dio el salto a la OCDE en su sede de París tras trabajar durante seis años en el Consejo Económico y Social, órgano consultivo del Gobierno español, alerta de que el uso político que se hace de la educación es “muy pronunciado” y lamenta que cada legislatura con un nuevo partido en el poder va acompañada de una nueva ley. Pont, que participó la semana pasada en un evento sobre el futuro de la educación organizado por la Cumbre Mundial de la Innovación Educativa (WISE, por sus siglas en inglés), -una iniciativa de la Qatar Foundation-, contestó a las preguntas de EL PAÍS.

Pregunta. En España parece que no es posible el pacto educativo. Ante tanto cambio normativo, ¿cómo puede modernizarse la escuela?

Respuesta. España está en la media en los resultados de las pruebas PISA (en el informe de 2015, obtuvo 493 puntos sobre los 500 de media de los países de la OCDE). Es el reflejo de la inversión y el valor que se la da a la educación. El tema del liderazgo en los centros está abandonado y la formación de los directores de escuela es prácticamente nula. No se invierte lo suficiente y cuando se hace es para que los directores hagan lo que quiere el Ministerio de Educación, hay una tensión entre lo que se les pide y lo que deberían hacer. El incentivo que tienen los profesores para asumir ese rol es cero, es un trabajo temporal que a los tres o cuatro años termina. Primero lideran a sus colegas y luego tienen que volver a su puesto de docente. Nunca van a tomar decisiones en su contra.

P. ¿Qué fórmula de otros países cree que es más acertada?(Seguir leyendo…)

Otra evaluación docente es posible

El reciente anuncio en los medios de comunicación de que el Consejo Escolar del Estado ha propuesto al Ministerio de Educación español que realice evaluaciones a los docentes ha sido recibido con recelo por una buena parte del profesorado.

No quedan nada claro, de momento, las finalidades de dicha evaluación más allá de la vaguedad de “introducir planes de mejora”. Tampoco ayuda a generar confianza la propuesta de que sean los alumnos de Secundaria quienes evalúen al profesorado a través de encuestas anónimas, como ya se hace en algunos centros privados y, desde hace años, en la universidad.
A nivel internacional, el ámbito educativo formal se debate entre la tendencia de la rendición de cuentas (accountability), practicada desde hace años en el mundo empresarial y en los países anglosajones en el ámbito educativo y su tendencia opuesta: el empoderamiento de las comunidades profesionales, basado en la confianza y la responsabilidad compartida, que es lo que se practica en el ámbito educativo en países como Finlandia.
En este marco, una propuesta de evaluación docente debe definir sus finalidades para clarificar si lo que quiere es establecer baremos, rankings y otros datos que justifiquen subidas salariales, despidos o acceso a determinados puestos o si, en cambio, desea potenciar comunidades docentes empoderadas que se desarrollen profesionalmente con una evaluación contrastada con criterio científico.(Seguir leyendo…)

Aprendiendo desde la excelencia y la vocación

Rafael Bailón, uno de los mejores profesores de secundaria de España, pide a las instituciones que prestigien la enseñanza y a los padres que se involucren más

rafael

Rafael Bailón ha conseguido, por dos años consecutivos, el segundo puesto en los premios Educaabanca al mejor docente de España. En su caso, en la clasificación de profesor de Educación Secundaria. Y no porque se haya postulado él, sino porque sus alumnos y alumnas lo propusieron. Este profesor de Lengua y Literatura, querido por sus estudiantes y entregado a la causa de la difusión del gusto por la lectura, no da clase en ningún instituto de capital o gran ciudad. Su lugar de trabajo es el IES Ribera del Fardes, en el pueblo granadino de Purullena, a media hora de la capital. Purullena tiene 2.356 habitantes y su instituto, poco más de 200 alumnos que llegan del municipio y de hasta ocho pueblos de alrededor. Un dato interesante es que el instituto de Bailón es uno de los 216 centros andaluces catalogados como “centro de compensatoria o de difícil desempeño”, o lo que es lo mismo, con alumnado con dificultades sociales, económicas o de colectivos desfavorecidos. (Seguir leyendo…)

Coaching para el fortalecimiento de la dirección escolar

Desde la mirada del coaching, el director escolar orienta su liderazgo hacia las personas y los equipos, para que maximicen su potencial, logren un desarrollo integral de su vida y contribuyan significativamente al fortalecimiento del proyecto educativo de la institución.
Para lograrlo, necesita transitar hacia un estilo de liderazgo basado en la conversación, con el fin de construir relaciones más armoniosas y de confianza, que lleven a las personas a moverse hacia la creación de nuevas realidades en su entorno personal, institucional y social.
Este modo de conversar, se basa en los principios, las metodologías y las competencias que a continuación se abordan, teniendo en cuenta el Código de Ética y las Competencias de Coaching de la Federación Internacional de Coaching (2011).

Principios del coaching
Desde la perspectiva del coaching, Kimsey-House, Kimsey-House, Sandahl y Whitworth (2009), mencionan como primer principio, que las personas son por naturaleza creativas, recursivas y completas. Significa que, cuentan con las capacidades para encontrar en su interior las respuestas sobre cómo asumir los retos que les demanda las circunstancias de su vida y del entorno. Ello implica en el ámbito educativo, que el director escolar lidere desde la creencia de que las personas no necesitan su ayuda, sino su acompañamiento. Esta manera de liderar se despliega a través de conversaciones poderosas que llevan a las personas a transformarse continuamente en lo que quieren ser, a través de un proceso de constante acción y aprendizaje. Una manera de desplegar este principio, es crear espacios en los cuales el líder, con el apoyo de las personas que hacen parte de los diferentes procesos, germinen ideas y estrategias innovadoras que aporten a mejorar la gestión. Para ello, cada uno de los participantes, asume voluntariamente un rol que conlleve a concretar las ideas, teniendo en cuenta las habilidades, la experiencia y el conocimiento que cada uno posee.

El segundo principio, consiste en ver a las personas como seres integrales, es decir, reconocer que, además de su rol dentro de la institución, necesitan potencializar otras dimensiones de su vida para encontrar balance, trascendencia y felicidad. Para ello, las conversaciones entre el líder y las personas, se enfocan además del seguimiento de su desempeño, en acompañarlos a descubrir y poner en acción su propósito de vida, teniendo en cuenta sus valores, talentos, vocación y misión. Entonces, el líder puede promover encuentros de socialización, en los cuales las personas se reúnan y compartan con sus equipos de trabajo, aspectos trascendentales de su existir, por ejemplo: cuáles son sus sueños y retos a nivel personal y profesional, cuáles son sus mayores talentos y cómo los potencializan, quiénes son las personas que hacen parte de su vida y cuál es el legado que quiere dejar desde su vocación.

El tercer principio, se relaciona con empoderar a las personas, no desde la perspectiva de “darles poder”, sino de acuerdo con la concepción de Senge (2002): “no quitarles el poder que ya tienen”. (Seguir leyendo…)

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