Cómo transformar las presentaciones en el aula

Nuestros alumnos son capaces de entusiasmarse con muchas temáticas -naturaleza, descubrimientos científicos, pensadores, historia y acontecimientos actuales-. Y más cuando se les anima a tener opiniones sobre lo que aprenden y a compartir sus puntos de vista.

Sin embargo, cuando van a comunicar sus aprendizajes, el entusiasmo con el que aprendieron inicialmente se acaba reflejando en una presentación básica (Power Point, Keynote, Prezy…). ¿Por qué? Porque los alumnos -como los adultos- no han aprendido a comunicar su visión de forma persuasiva.

Los alumnos pueden aprender a ser comunicadores más persuasivos y desarrollar mensajes que emocionen y despierten a otros con el fin de llevarles a la acción. Pero esto requiere que los profesores también se entrenen en habilidades de comunicación persuasiva.

presentaciones

En California hay una escuela de Primaria que ya está enseñando a sus estudiantes de 5º a crear y presentar proyectos de forma persuasiva. Alumnos que investigan y trabajan por equipos. Maestros que cumplen con el currículum. Presentaciones finales que ofrecen información verbal y visual convincente, que plantean puntos de vista únicos sobre sus ideas y expresan con eficacia llamadas claras a la acción.

Aprende y enseña estos “Cinco Pasos” para ayudar a los niños a saber comunicar y realizar presentaciones persuasiva:

…(sigue leyendo)

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Si todo cambia…¿a qué esperas tú?

Por definición, un amateur es alguien que hace algo por amor al arte. Normalmente tendemos a creer que ello implica hacerlo sin profesionalidad, sin categoría, vamos, no hacerlo del todo bien. Realmente cuando nos referimos a alguien que hace algo de manera amateur, lo que queremos decir es que no se gana la vida con ello, que profesionalmente dedica sus esfuerzos a otra cosa, pero en ningún caso debemos dar por hecho que algo amateur no es algo bien hecho.

zapatos

 

 

Vivimos en la era de la comunicación, y la humanidad está cambiando. Nos encontramos cada día con jóvenes que dominan las redes, la música, los videojuegos, los deportes, etc. Nuestros jóvenes no se ganan la vida con ello, evidentemente, pero pueden ser, y de hecho muchos lo son, verdaderos virtuosos de aquello en lo que han encontrado su Elemento, su ilusión, su realización. Y encontrar tu Elemento está íntimamente unido a hacer algo bien, a disfrutar con ello, a emocionarte con ello, y eso, no lo sueles elegir, eso se te presenta en la vida…(seguir leyendo)

Los niños se han quedado sin palabras

¿Has notado que los estimulos de los niños cada vez tienen menos vocabulario? Pero párate a pensar: si usamos menos palabras con ellos, no seran capaces de expresar sus ideas y sus emociones…

sin palabras

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Hacia un futuro sin calificaciones

Tras años de enseñar utilizando principios del aprendizaje basados en estándares y calificación, he realizado dos hallazgos que han cambiado radicalmente mi perspectiva sobre la evaluación, la calificación y los informes de evaluación.

Mi primer hallazgo proviene de Ruth Butler (1988, citado por Wiliam, 2011) y se refiere a la retroalimentación. Butler examina tres tipos de feedback: un feedback consistente solo en una calificación, otro basado exclusivamente en comentarios y un tercer tipo en el que se ofrece feedback a través de calificaciones y comentarios. Su estudio demostró que la evaluación basada únicamente en calificaciones produce estudiantes complacientes o desmotivados dependiendo de cómo lo hicieron. Las calificaciones con comentarios eran igual de ineficaces pues los estudiantes se centraban exclusivamente en la puntuación, ignorando los comentarios. Sorprendentemente, fueron los estudiantes que únicamente recibieron comentarios los que mejoraron más.

Mi segundo descubrimiento procede de John Hattie (2012), cuya síntesis de 800 metaestudios demostró que la autoevaluación del estudiante encabezaba la lista de intervenciones educativas con un efecto mayor en escala. Al enseñar a los estudiantes a autoevaluarse con precisión basándose en criterios claros, los docentes les capacitan para que se conviertan en “aprendices que se autorregulan” capaces de controlar, regular y guiar su propio aprendizaje. La razón por la que los estudiantes nunca desarrollan estos rasgos es que nuestro monopolio sobre la evaluación, la retroalimentación y la calificación ha entrenado a los estudiantes a adoptar una actitud de pasividad total en el proceso de aprendizaje. (Seguir leyendo…)

Ni jueces ni contables. Hacia una evaluación transformadora

Un poco por curiosidad, por suerte o tal vez porque me gusta explorar cosas que me hagan pensar, encontré un buen día de esta primavera un artículo de Arthur Chiaravalli en el que explicaba con entusiasmo su camino profesional hacia una clase sin calificaciones e invitaba a los lectores a unirse al grupo de Facebook Teachers going gradeless. La invitación cayó en el terreno abonado de los docentes que, ante la tozuda realidad de que las notas no sirven para aprender, encontraron en esta propuesta una aventura profesional interesante y digna de explorar. El grupo, en un mes, ya tenía más de dos mil personas y una actividad productiva intensa, convirtiéndose en una comunidad de aprendizaje virtual en toda regla con docentes de los cinco continentes aportando sus experiencias, sus dudas y sus ilusiones por eliminar las notas o, al menos, reducir su cantidad. ¿Por qué hacer esto?

Desde hace años estamos confundiendo la evaluación continua con el examen continuo. Y en este doble rol en el que los profesores a veces somos jueces y otras contables nos hemos perdido en el laberinto de las notas. Devuelves un examen y los alumnos miran la nota, calculan que esté todo bien sumado, comparan entre sí y ya está. Fin. Esto produce un efecto emocional conocido como ego feedback que consiste en que la mitad de los alumnos deciden que no son tan buenos como los demás (para profundizar lean a Jo Boaler de la Universidad de Stanford). ¿Dónde quedó el aprendizaje? ¿Por qué no repararon en esas anotaciones que el docente escribió y a las que dedicó toda la mañana del sábado?

La zona de confort de un docente incluye rutinas muy poco confortables, como puntuar exámenes. Esta práctica es poco efectiva desde el punto de vista del aprendizaje del alumno. Prueben a poner el mismo examen al mismo grupo de alumnos dos meses más tarde y comprueben el resultado. En cambio, una evaluación cualitativa en forma de pregunta, de sugerencia, de corrección de un error o de observación promueve un aprendizaje más duradero y profundo. Este feedback puede proceder tanto del docente como de otros estudiantes, con la guía adecuada. Está demostrado que calificar con una nota en realidad reduce el rendimiento de los estudiantes (ver Boaler, 2015 y Butler, 1998) en contraposición a la evaluación cualitativa, que incrementa el aprendizaje y la motivación en los estudiantes. La evaluación continua debería centrarse pues en los aspectos cualitativos que son los que realmente ayudan a los alumnos a crecer en el aprendizaje.

La insistencia administrativa en las pruebas externas, incluso en la elaboración de rankings entre escuelas, regiones o países viene a rematar la faena: obtenemos un porcentaje, un puesto en el ranking, pero no sabemos qué hacer para mejorarlo… y, cada uno en su nivel (docente, escuela, administración) va dando palos de ciego sobre lo que intuye que debe hacer para subir en el ranking…, pero siempre habrá alguien en la cola, porque en eso consiste un ranking. Antiguamente en las escuelas se leían las notas en voz alta e incluso se sentaba a los niños en filas conforme a los resultados… Esta práctica nefasta es la que se está practicando ahora con los resultados de las pruebas externas, con el argumento de la transparencia. ¿No sería mejor que la inspección educativa entrara en las aulas para ver cómo de actualizada está la práctica docente y proponer mejoras, por ejemplo, en la formación y acompañamiento del profesorado? ¿No ayudaría esto mucho más que un porcentaje en una lista? Y, de cara a las escuelas: ¿No sería mejor dejar de dedicar tiempo a entrenar pruebas y centrarse en los aprendizajes significativos de los alumnos?

La pretendida objetividad de las calificaciones respecto a los aprendizajes está siendo cuestionada por evidencias que indican que los docentes no califican en base a los aprendizajes logrados por los alumnos, sino que intervienen otras muchas cuestiones relativas a la subjetividad del docente (véase el estudio de Brookhart, de la Universidad de Duquesne (2016). En este sentido, la evidencia apoya lo que todo docente sabe que ocurre en la realidad: se valoran los conocimientos, pero también la actitud, el esfuerzo (o su ausencia), la participación, la presentación de los trabajos, la puntualidad, etc. Cuestiones que van mucho más allá de los estándares de aprendizaje evaluables.

Así pues, hay motivos suficientes para pensar que las calificaciones en las escuelas no están ayudando a que los alumnos aprendan mejor. En cambio, la evaluación cualitativa resulta mucho más motivadora para la mayoría de alumnos. Les ayuda a centrarse en aquello que tienen que mejorar y les sugiere cómo hacerlo, más allá del consabido “esfuérzate más”.

En los próximos meses publicaremos desde este blog algunos artículos destacados del movimiento “Teachers going gradeless” que invitarán a una reflexión crítica sobre la práctica evaluativa y que pueden abrirnos horizontes profesionales para su transformación.

Mariana Morales Lobo
Formadora, consultora y Docente
Miembro del Equipo de apoyo de la Plataforma
@MarianaMorale19
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PARA TI

Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, dado que se trata de innovar, ¿qué os parece jugar con imágenes y palabras aportadas por referentes del campo educativo?

Cuando innovar no es lo importante, y educar no es lo primero

Uno de los educadores más fascinantes de estos dos últimos siglos es el indio Sugata Mitra, un incansable investigador sobre la memoria, los sistemas de aprendizaje, la educación cooperativa, la percepción, las redes neurales y los sistemas de aprendizaje humano. Mitra es Professor of Educational Technology at the School of Education, Communication and Language Sciences en la Universidad inglesa de Newcastle, Jefe Científico en el NIIT, y creador e impulsor del Hole in the Wall. El “agujero en la pared” es una de las experiencias más increíbles de la historia de la educación, que ha permitido el entrenamiento cognoscitivo y el desarrollo de millones de jóvenes indios, en las zonas más pobres de ese país, y de aquellos a los que ha sido exportado.

Tal como  ha explicado alguna vez, Mitra colocó en 1999 un ordenador en una pequeña hornacina, a modo de cajero, en una pared en un barrio humilde de Kaljaki, en Nueva Delhi, permitiendo el libre acceso a los niños. La experiencia demostró que los niños pueden aprender mediante medios tecnológicos con gran facilidad, y esto es lo importante, sin ningún entrenamiento formal.

Es lo que luego hemos dado en llamar en pedagogía Educación Mínimamente Invasiva o sistema de auto-organización cognitiva.

Contaba Mitra como en una ocasión entregó un ordenador y una conexión a internet a los alumnos de una paupérrima escuela del distrito de Kapur, pidiendo a los alumnos que le usasen para preparar un trabajo sobre terremotos que él recogería, dos meses después. Ante el asombro de aquellos chavales, que nunca habían visto tal aparato, Mitra se fue, sin dar más explicaciones. Pero el espíritu de superación humana es increíble. A los dos meses, Mitra comprobó que los alumnos, sin ayuda de profesor alguno habían aprendido a manejar el ordenador, se habían descargado manuales de la red para aprender a usar su software y habían aprendido de manera eficiente sobre el tema propuesto, y aun más.

Hoy los que estamos vinculados a la educación, comprobamos como los jóvenes europeos contrastan su abrumadora dotación tecnológica, con una generalizada incapacidad digital… (seguir leyendo)

sugata Mitra

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