Estrategias de evaluación formativa

Día a día en tu rol como profesor o profesora, marcas la diferencia en la sala de clases poniendo en práctica diferentes estrategias de enseñanza para que tus estudiantes aprendan más y de mejor manera. Por ejemplo, logrando que se involucren, sean partícipes o se cuestionen con oportunidades de aprendizaje tan simples como una pregunta que los sorprenda o una inolvidable salida a terreno; así como utilizando estrategias de evaluación que permiten monitorear cómo lo están haciendo, en qué van o quién necesita más apoyo, utilizando esa información para mejorar el proceso de enseñanza. Todo esto, lo entendemos como Evaluación Formativa.

Como valoramos las diferentes experiencias que existen en la realidad escolar de nuestro país, hemos hecho un intento por recopilar algunas estrategias de evaluación formativa que funcionan en diferentes contextos, pues estimulan y desarrollan en distintas direcciones los aprendizajes de los estudiantes.

El presente material consiste en una selección de once estrategias de evaluación formativa que apuntan a evidenciar, en diferentes momentos y de variadas maneras, el aprendizaje de los estudiantes. Son herramientas prácticas, concretas, sencillas, y adaptables a distintos contextos y actividades; y buscan promover los diferentes procesos involucrados con la evaluación formativa, entre ellos:

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Herramientas de evaluación en el aula

Ningún esfuerzo por cambiar las escuelas puede tener éxito, si no se diseña un acercamiento a la evaluación que sea coherente con el cambio deseado.

Enseñar, aprender y evaluar son tres procesos inseparables que deben ser coherentes en su forma de desarrollo, de lo contrario, producen efectos contradictorios en la formación del alumnado. Por ello, no puede cambiarse uno sin cambiar los demás ya que cualquier modificación que se produzca en una, repercutirá de inmediato en el otro.

Entonces el reto consiste en desarrollar el proceso evaluativo pertinente para el cambio planteado en el Currículum , donde las prácticas habituales de evaluación han cambiado por no ser funcionales y ahora, se recurre a técnicas e instrumentos alternativos incorporados a las actividades diarias del aula, con el propósito de recopilar la evidencia de cómo los y las estudiantes procesan el aprendizaje y llevan a cabo tareas reales sobre un tema en particular.

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La atención es el nuevo coeficiente intelectual

Gregorio Luri

“Maestro de escuela” es el atributo con el que Gregorio Luri se siente más cómodo, aunque está considerado uno de los mayores referentes de la educación en España. Estudió magisterio en Pamplona y cursó la licenciatura en Ciencias de la Educación y el doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona. Es profesor, escritor y ha publicado más de una veintena de obras sobre filosofía y educación. Luri sostiene que la atención es el nuevo cociente intelectual: “la capacidad de una persona para moverse de manera inteligente en la sociedad de la información, va a depender de su capacidad atencional”. Asegura que la música, las matemáticas o la lectura son recursos efectivos para educar la atención. Además, el docente de origen navarro, reivindica el “sentido común” en la educación familiar. “Comencemos por lo obvio: no hay familias perfectas”, es la tajante afirmación con la que arranca su libro “Elogio a las familias sensatamente imperfectas”. Un ensayo en el que el pedagogo y filósofo habla de una “neurosis de los padres jóvenes”, de los que dice “no les basta con hacerlo perfecto, quieren hacerlo pluscuamperfecto”. Crítico con las fórmulas pedagógicas “bonitas”, Gregorio Luri analiza los problemas a los que se enfrentan las familias actuales. “Mi objetivo no es enseñar cosas nuevas sino poner en valor lo que ya se sabe”, afirma.

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Cuando el espacio se convierte en el tercer maestro

Dos profesoras valencianas convierten sus clases de infantil de un colegio público en contextos de aprendizaje cooperativo

Ni mesas ni sillas ni materiales al uso que puedan hallarse en las clases de infantil de un colegio público valenciano. Hay minimundos, zonas de luz, espacios de construcción, zonas de naturaleza y un sinfín de propuestas provocadoras para despertar el interés por aprender. Así son las aulas de Raquel Mora y Mª Ángeles Bertolín, dos profesoras de infantil del CEIP Alejandra Soler de Valencia que desde hace un año están desarrollando un proyecto de innovación pedagógica avalado por la Conselleria en torno a los contextos de aprendizaje.

Buscan devolver al niño al centro del proceso enseñanza-aprendizaje y convertir el espacio en un aliado que provoque sus ganas de experimentar, que estimule su proceso cognitivo. Raquel y Mª Ángeles beben de las experiencias innovadoras que también han ido surgiendo en otros centros públicos de la Comunidad Valenciana -el Princesa de Asturias de Elche de los más laureados-, pero parten de su propia reflexión pedagógica. «Hubo tres preguntas clave que nos hicimos: cuál era nuestra idea de infancia, la función que debe cumplir la escuela y la idea de aprendizaje. A partir empezamos a investigar y decidimos dejar de hacer aquellas cosas que no nos gustaban», explica Mª Ángeles.

«La primera conclusión a la que llegamos es que no queríamos un aula convencional, con mesas y sillas para todos. Teníamos claro que queríamos acortar la distancia entre las necesidades de un niño y la realidad. Si un niño tiene necesidad de movimiento no lo vamos a tener sentado toda la jornada escolar», apunta Raquel Mora. «También buscábamos huir de la idea de que el profesor todo lo sabe, potenciamos la cooperación, escuchamos a los niños y convertimos el nuevo espacio que hemos creado en el tercer maestro que ofrece oportunidades de aprendizaje», añade.

Sus dos aulas se han convertido en una sola circular, donde aparecen 19 propuestas de trabajo en espacios intencionalmente adaptados para que sus alumnos trabajen los objetivos que marca el currículum de la etapa de infantil. Barro en lugar de plastilina, letras magnéticas, dinosaurios, harina, arena… favorecen los aprendizajes funcionales de una manera diferente. «Llegamos al mismo punto final, pero por otro camino y dándole más peso al proceso», cuentan (seguir leyendo)

‘Matemáticas activas’, un proyecto para sentir las matemáticas

Desde el CEIPSO El Encinar de Torrelodones (Madrid), las docentes de matemáticas Beatriz Fernández López y Virginia Pérez Gorroño nos cuenta como enseñan esta asignatura en los distintas etapas educativas. La clave está en que los alumnos vivan y sientan las matemáticas, aplicándolas a situaciones propias del día a día. Para ello, han desarrollado un modelo basado en las matemáticas activas.

¿Sabíais que las clases particulares más demandadas por las familias son las de Matemáticas? ¿Y cuántas veces hemos escuchado la frase ‘Es que yo soy de letras’ para argumentar que no se comprende cómo se resuelve una operación o qué proceso sigue un problema? Evidentemente en algo hemos fallado los profes de matemáticas y, de ahí, que hayamos decidido que los alumnos vivan y se emocionen con las matemáticas.

Matemáticas activas

Desde el centro, promovemos lo que denominamos ‘Matemáticas activas’. Se trata de un modelo que fomenta la participación activa del alumnado al construir sus aprendizajes manipulando materiales, comprendiendo el porqué de las cosas, enunciando lo comprendido y aplicando las conclusiones a situaciones de la vida cotidiana.

Matemáticas activas un proyecto para sentir

Además, para los profesores que impartimos clase de matemáticas en nuestro colegio, es muy importante que los alumnos comprendan por qué tratamos de desterrar que el papel del estudiante se limite a comprender lo que enuncia el docente. Para ello, y basándonos en Elsa Santaolalla Pascual y su artículo ‘Marchando una de matemáticas’ trabajamos los diferentes contenidos curriculares abordando tres fases:

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1918-2018. Cien años de la metodología de proyectos

Francesc Imbernon

Celebramos este año el centenario de la creación de la metodología de proyectos. Seguro que muchas personas dedicadas a la educación lo saben, pero también otros piensan que es una metodología de hace poco. En los últimos años ha pasado a ser la metodología estrella en muchas escuelas. Y con razón.

projectes

La aportación inicial salió de William Heard Kilpatrick que nació en el año 1871 en los Estados Unidos. Fue maestro y director de escuela. Al principio de su carrera como docente, se interesó por las teorías de algunos pedagogos de la educación activa sobre las experiencias significativas de los alumnos. En ellos se inspiró para plantear la teoría de que “el aprendizaje pasa de las manos del profesorado a las del alumnado, de tal manera que estos puedan hacerse cargo de su propio aprendizaje, y, como consecuencia, esto comporta tener experiencias significativas, participando en la planificación, producción y comprensión de una experiencia”.

Trabajando, años más tarde, en la Universidad de Chicago, tuvo a John Dewey como profesor y se unió a su filosofía pragmática y a sus concepciones sobre la experiencia. Pasaría a ser uno de sus mejores discípulos. Bajo la influencia de John Dewey escribió un artículo en 1918 de 18 páginas que tenía como título “El método de proyectos“. Y aquí empezó todo.

En este documento presenta formalmente su teoría sobre la Metodología de Proyectos. El método se fundamenta en la creencia que los intereses de los niños y jóvenes tienen que ser la base para realizar proyectos de investigación, de indagación, y estos tienen que ser el centro de proceso de aprendizaje.

Afirma que el aprendizaje se vuelve más relevante y significativo si parte del interés del estudiante y que hay cuatro fases en la elaboración de un proyecto: la propuesta (ver y explicar el problema) que sale de los intereses personales del alumnado; la planificación (definir y formular el proyecto con sus pasos); la elaboración (ejecutarlo, en el tiempo previsto), y la evaluación (evaluar sus resultados y/o efectos posteriores). Y es el grupo de estudiantes el que tiene que llevar a cabo estas cuatro fases y no el profesorado. El método tiene que respetar la individualidad de sus estudiantes, sin descuidar los intereses del grupo.

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“Tejiendo redes para navegar con las naves que tenemos”

El  viernes 23 y sábado 24 de febrero tuvieron lugar, en la escuela Trilema Madrid, las Jornadas Escuelas que Aprenden (EQAp) 2018 ‘¿Cómo aprende una escuela?’. Unas primeras jornadas organizadas por la red creciente de escuelas que pone nombre al congreso y que está impulsada por la Fundación Trilema. A esta Red pertenecen 23 escuelas de dentro y fuera de nuestro país con gran diversidad (públicas, concertadas y privadas; de todos los ciclos educativos, urbanas y rurales…), que apoyan sus procesos de mejora en el modelo Rubik de innovación y gestión del cambio. Todas ellas tuvieron un encuentro previo a las jornadas, el día jueves 22, para recibir a los nuevos miembros de la Red, así como para intercambiar experiencias del proceso de cambio que cada una está viviendo.

“Tejiendo redes para navegar con las naves que tenemos”, con esta frase resumía las Jornadas EQAp 2018 una de sus asistentes.

La cita suscitó el interés de alrededor de 300 docentes y equipos directivos procedentes de Centros de Profesores (CEP), colegios públicos, concertados y privados de más de diez Comunidades Autónomas. Contó también con la presencia de varios profesores/as de Guinea Ecuatorial y Colombia.
Pellicer, pedagoga y escritora; inauguró el acto e hizo un repaso sobre el por qué de aprender juntos y las claves de la experiencia del cambio, refiriéndose a las aulas como “trincheras de la revolución educativa”.

“Tenemos que conseguir que nuestros alumnos tomen buenas decisiones en todos los entornos”, manifestó el filósofo y escritor José Antonio Marina, quien además se detuvo en el término ‘escuela inteligente’, aquella en que un grupo de personas que pueden no ser extraordinarias consigue resultados extraordinarios.
Fernando Trujillo, de la Universidad de Granada, resaltó la multidimensionalidad del término ‘enseñar’ e insistió en que la innovación en las escuelas está justificada y es necesaria: “Los alumnos no quieren ser oyentes, sino actores y actrices principales”.

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